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martes, 3 de junio de 2014

Miseria somos

Todos nacimos con la mancha del pecado original, o sea, con esa tendencia muy fuerte hacia el mal. Con esas tendencias vergonzosas e inconfesables, sin embargo conservamos en el corazón cierta nobleza y una gran tendencia hacia el bien.

Nos sucede muchas veces lo que a Sansón. Se dejó engañar por Dalila, aquella perversa mujer que se aprovechó cuando Sansón estaba dormido, le cortó sus cabellos, que eran los que le daban toda su fuerza, y llamó a sus enemigos. Sansón se levantó para combatirlos creyendo que tenía sus antiguas fuerzas, trató de defenderse, pero como el Espíritu del Señor se había alejado de él, se halló sin fuerzas y fue esclavizado por sus enemigos.
Muchas veces nos ha sucedido algo semejante: llegan los enemigos del alma, tratamos de reaccionar, las fuerzas no nos alcanzan y somos derrotados miserablemente. Entonces llega el desaliento y el desánimo, a no ser que encontremos el camino para salir de ese atolladero.

El camino para salir de ese pantano es desconfiar siempre de nuestras fuerzas, odiar inmensamente el pecado (pornografía, adulterio, masturbación, fornicación, etc.) y confiar absolutamente en la infinita misericordia de Dios. Jesucristo conoce nuestras debilidades y siempre sintió la más grande compasión y la misericordia más bondadosa con el pecador. (Eliécer Salesman, Pureza o Castidad)

martes, 27 de mayo de 2014

Levántate de tus caídas

Hay personas que, ante sus caídas en pecado, se desaniman y no se atreven a entrar en una iglesia. Cometen un error porque desconocen la realidad del mundo: este mundo es un hospital lleno de enfermos del alma, decía san Francisco de Sales. Pecamos más por débiles que por malos. Todos estamos rodeados de miseria y llenos de extrema debilidad para reaccionar contra el mal. Para colmo, el pecado es atractivo y promete mentirosamente goces y felicidad. Y nos dejamos engañar como niños ingenuos y caemos en la trampa. De nuestra debilidad, por tanto, sólo debemos esperar caídas y más caídas.

Mientras vivamos en este valle de lágrimas no dejaremos de obrar sin imperfecciones. Mientras llevemos este cuerpo mortal tendremos que repetir con san Pablo: "Hago el mal que no quisiera hacer". Sin embargo lo importante no es quedarnos ahí caídos, sino levantarnos, sacudirnos el polvo e ir aprendiendo a tener un poco más de prudencia para no tropezar tanto y caer menos. Sabemos que hemos caído miles de veces, quizá. Pero, ¿hacemos el esfuerzo seriamente por combatir esas caídas?

martes, 20 de mayo de 2014

La voluntad de Dios para ti

"Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor se vengará de todo esto, como os lo dijimos ya y lo atestiguamos, pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad" (1Tes 4, 3-7).

La voluntad de Dios para sus hijos es que sean santos y se abstengan de la inmoralidad. Es lo que Él quiere para nosotros, y nos ofrece la gracia para realizarlo en nuestras vidas. Ya sea que hayas buscado satisfacerte en la impureza durante algunos días o durante algunas décadas, y sin importar qué tanto te has hundido en el vicio, Nuestro Señor te sigue amando y quiere que seas puro, y puede ayudarte a obtener la santidad en tu vida. ¡Nada es imposible para Dios!

Quizá tú abrigas la esperanza de que estos abusos no sean, en realidad, pecados, y de que puedes así continuar con ellos. Podrás preguntarte: ¿Dónde la Biblia lo condena? Bien, pues el Libro del Sirácide condena los pecados solitarios de impureza: El alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre impúdico en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el fuego le abrase (Eclo 23,16-17). También dice el Catecismo de la Iglesia:

“Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado’. ‘El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine’. Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de ‘la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero” (no. 2352).

Dios no hizo el acto sexual para nuestra gratificación egoísta, sino para ser utilizado dentro de los límites del matrimonio para dos fines: la procreación de los hijos y la unión del marido y la mujer en una sola carne. El placer que lo acompaña no es, entonces, un fin en sí mismo. El tocar tu cuerpo con impureza y el deleitarte viendo imágenes indecentes es dar un uso distorsionado y egoísta al regalo de la sexualidad que Dios te dio; es hacer del placer un fin en sí mismo, ignorando los verdaderos fines de la función sexual.

Oración: "Dulcísimo Jesús, déjame renunciar a toda impureza; permíteme ser siempre un extraño a los deseos de la carne y a la lujuria de la tierra, que combaten contra el alma; y con tu ayuda, concédeme preservar la castidad sin mancha". (Scott Rosemarie, Clean of Heart, Overcoming Habitual Sins against Purity)

jueves, 8 de mayo de 2014

Tesoro en vasijas de barro

Como sacerdote he conocido muchas personas que han pasado por el confesionario. Muchos de ellos han sido ancianos con más de 80 años. Quien piense que a esas edades no existen dificultades con la castidad está equivocado. Y todos hemos conocido que sacerdotes, gobernantes, políticos y líderes de la comunidad tienen a veces problemas serios de castidad. Mantenerse limpios de corazón no es fácil para nadie, aunque las personas ocupen elevados y sagrados cargos, o aunque pasen los años y las arrugas marquen el rostro. En ninguna edad estamos seguros contra los peligros y las tentaciones... Hay que luchar día a día para conservarse limpios. San Pablo nos recuerda que llevamos un tesoro en vasijas de barro, y que la castidad necesita de cuidadosa protección y defensa.

lunes, 5 de mayo de 2014

La lucha tiene un lado amable

Si una persona quiere liberarse de un mal comportamiento sexual es necesario que analice el lado amable de esta lucha, y no sólo el lado negativo y de sacrificio que este combate comporta.

Primero: debe luchar por amor a Dios. El esfuerzo por liberarse de conductas sexuales adictivas tiene el supremo fin de tener contento a nuestro Señor, y atraer su simpatía, premios y bendiciones.

Segundo: la liberación es un regalo de Dios. Dios concede esta liberación a las personas preferidas por El.

Tercero: Si una persona se libera de malas conductas sexuales es para elevar el corazón y hacerlo más apto para amar a Dios y al prójimo. Los malos comportamientos sexuales dejan a la persona arrastrándose por tierra.

Cuarto: Si una persona se propone ser casta, tendrá una personalidad más atractiva. Ser puro no es atrofiarse ni disminuirse. Es encauzar las energías hacia fines inmensamente importantes.

Quinto: Jesucristo anuncia que este esfuerzo no es para permanecer en orgullo vano, ni por un perfeccionamiento vanidoso. El fin es conseguir el Reino de los cielos para nosotros y para muchos más. Por este fin maravilloso vale la pena cualquier sacrificio, por más grande que sea.