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sábado, 17 de mayo de 2014

Asesinos de almas

Hay una leyenda muy antigua de dos hombres muy malos que murieron y se fueron a las llamas del infierno por la eternidad. El primero había cometido muchos pecados, y fue echado a un horno de grandes llamaradas donde lloraba y gritaba. El segundo era propagador de pornografía y al principio su horno no tenía llamas tan grandes como el primero. Pero pasaron los días y las llamas del horno del primero fueron disminuyendo, mientras que las llamas del segundo aumentaban cada día más. 

Después de muchos años, las llamas del horno del primer pecador se apagaron, mientras que las llamas del segundo crecían cada día y lo atormentaban atrozmente. Entonces clamó al cielo preguntando: "¿Por qué, si los dos éramos pecadores, a él se le apagaron las llamas y en cambio a mí me atormentan cada día más?" Y una voz desde el cielo le respondió: "Porque los pecados del otro ya a nadie hacen sufrir y a nadie hacen mal, porque pasaron los años y todos los olvidaron. En cambio tu pecado, el de propagar imágenes pornográficas sigue haciendo mal, cada día más mal, y va aumentando el número de los que ven las imágenes que tú propagabas. Por eso tus tormentos irán aumentando".


Muchas personas que hoy están atrapadas en los abismos de la pornografía y otros vicios pueden decir que llegaron hasta ese estado a partir de que alguien les pasó una revista o les hizo llegar un video. ¡Qué responsabilidad tienen los que hacen pecar a los demás! Así como los buenos libros son grandes bienhechores, así las lecturas, revistas y películas pornográficas son las más feroces corruptoras de la humanidad porque asesinan el alma humana.

jueves, 15 de mayo de 2014

Mentiras del diablo


Satanás es mentiroso y padre de la mentira (Jn 8,44). Él nos dirá cualquier mentira para convencernos de violar la ley moral de Dios. A veces interiorizamos estas mentiras, utilizándolas una y otra vez a lo largo de nuestra vida, para justificar nuestro abuso del sexo como don de Dios. Nuestra manera de pensar se tuerce y nuestras inteligencias se oscurecen; desarrollamos un apego al pecado que alimenta conductas compulsivas, difíciles de controlar. Luego, entonces, nos volvemos esclavos del pecado: "¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis; bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?" (Rom 6,16).

Solamente podremos liberarnos de esta esclavitud espiritual dejando que Jesucristo y la Verdad disipen estas mentiras oscuras. Tenemos que renovar nuestras mentes (Rom 12,2), y cambiar nuestras creencias y actitudes hacia los pecados de la carne. Es un buen punto para comenzar. ¿Cuáles son, entonces, algunas de las mentiras que el demonio ha utilizado para desarrollar el apego a los pecados contra la pureza dentro de ti? Aquí están algunas posibles justificaciones:

Quizá Satanás te ha dicho que mirar imágenes pornográficas está bien porque “la desnudez es algo natural”. Sin embargo sabemos que la pornografía no es algo natural. Sus fantasías son irreales, los cuerpos son maquillados, o alterados cosmética o quirúrgicamente, y presenta actos no naturales. Pero además da al espectador una visión distorsionada de la sexualidad y de la humanidad, contraria a la voluntad y al plan de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. (n. 2354).

San Juan Pablo II dijo una vez que el problema con las imágenes indecentes no es que éstas revelen demasiado, sino que revelan muy poco. Exhiben el cuerpo pero no pueden revelar el alma.

La pornografía toma un ser humano, quien por designio de Dios es ambos, alma y cuerpo, y lo reduce a una mera imagen corporal, un objeto que puede ser utilizado para una gratificación egoísta, una mercancía que puede ser comprada o vendida. En efecto, presenta a un cuerpo sin alma. Nuestro Dios y Creador no quiso que el acto procreador fuera visto como entretenimiento o fuese vendido como una mercancía. Así pues, desde el punto de vista de Dios, la pornografía no es algo natural.

O quizá tú estás solo, y Satanás te ha convencido de que los pecados de la carne te ayudarán a mitigar la soledad. Quizá pueda aliviar momentáneamente el dolor, pero lo cierto es que tú quedarás tan solo como antes de que vieras esas imágenes. Es imposible tener una relación con una fotografía, y el abuso de sí mismo es un triste acto solitario. Después de que éste ha terminado, regresa la soledad, acompañada con remordimientos de conciencia, odio hacia uno mismo y lejanía de Dios. Y después te sientes peor que antes.

Quizá el Tentador te ha dicho que “mereces un pequeño placer”. La verdad es que nosotros no “merecemos” nada que sea pecado. Un cristiano no tiene derecho a cometer pecado o a experimentar placeres ilícitos. Sólo los casados tienen el derecho al acto sexual, y solamente con el cónyuge. Tu cuerpo es miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo; pertenece a Dios, no el algo tuyo, y tú no puedes hacer lo que quieras con él.

El demonio puede susurrarte: “Dios es injusto al prohibirte este placer”. Ahora el Tentador está tratando de que pienses que Dios te quiere privar de algo. La verdad es que el Creador sólo quiere lo mejor para nosotros, y sabe que la impureza no es precisamente lo mejor para ti. De hecho Satanás quiere que termines negando tu libertad haciéndote esclavo del pecado. Quiere negarte la paz del corazón haciendo que te aborrezcas a ti mismo; y quiere, por último, negarte la felicidad eterna privándote del Cielo.

También está el viejo engaño: “Está bien, Dios te perdonará. Puedes acudir siempre a la Confesión después de pecar”…. Solamente piensa en cuánta gente pudiera haber en el Infierno hoy porque ellos creyeron en esta excusa y murieron antes de que pudieran arrepentirse. No sabes cuánto tiempo vivirás. ¿Por qué poner en riesgo tu alma, aunque sea por un breve período de tiempo?

Otra mentira favorita del Tentador es que “es imposible que resistas la tentación; has caído tantas veces en el pasado que es imposible resistir”. Esta mentira está encaminada a llevarte a la desesperación, y a hacerte creer que no tienes remedio, que no puedes resistir la tentación…. La verdad es que tú siempre puedes resistir por la gracia de Dios, no importa cuántas veces has caído en el pasado. Nuestro Señor ha prometido que Él proveería de algún medio para escapar: "No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito" (1Cor 10,13).

Para desbaratar esta mentira debes orar pidiendo la virtud de la esperanza para contrarrestar la desesperación, creyendo que se puede resistir con la ayuda de Dios y buscando la vía de escape que Él ha hecho para ti.

O quizá pienses: “Lo haré por última vez, y nunca necesitaré hacerlo de nuevo”…. Esta es una mentira para llevarte al pecado otra vez. La verdad es que esa misma frase la has dicho cientos de veces antes. El decir “juro que será la última vez” es un vil engaño del demonio.

Quizá ninguna de las mentiras anteriores te parece familiar, y solamente piensas: “Lo hará simplemente porque me gusta”… En este caso la mentira puede ser la creencia que la gratificación física es buena y debe conseguirse a toda costa, aún si pone en peligro tu alma inmortal. Sin embargo no hay ningún placer, aunque sea muy fuerte, que valga la pena como para poner en riesgo la propia salvación. La alegría y la paz de un alma en estado de gracia, y la felicidad eterna de la Visión Beatífica de Dios, son mucho más grandes que unos cuantos segundos de sensaciones físicas.

Hay otras muchas mentiras posibles que el Tentador pueda utilizar. La pornografía en sí misma no es otra cosa que una gran mentira, una farsa, llena de promesas vacías que no puede cumplir. Los pecados contra la pureza no te harán feliz, ni te llenarán o te consolarán, ni nunca te dejarán satisfecho. Si te sientes solitario o aislado, la pornografía nada tiene que ver con el amor y la aceptación; esas imágenes no te aman. Sólo Jesús te ama. El es la Verdad, y su Cuerpo que es la Iglesia es columna y cimiento de la verdad. Vuélvete a Jesús para recibir su amor y su consuelo. Sólo Él puede dejarte satisfecho.

No necesitas imágenes pornográficas ni abusar de ti mismo para ser feliz. De hecho, estas cosas solamente te harán, al final, sentir miserable. Dios basta para brindar verdadera felicidad y realización. El te ama y aliviará tu soledad. Si nunca vuelves a ver imágenes indecentes o si no te tocas impuramente de nuevo, no te sentirás “necesitado”. Dios te seguirá amando infinitamente. El quiere salvarte y no condenarte. Deja que Él te libere de tu esclavitud del pecado y puedas caminar en su luz.

Propósito: Pide a Dios que te muestre en qué mentiras has adoptado, y pide que te libere de ellas. Si vas con un consejero espiritual, aprovecha las intuiciones y consejos que puedas recibir. Escribe todas las verdades y rechaza las mentiras, haciéndolo en primera persona, por ejemplo: “No necesito pornografía para ser feliz”, etc. Lee, para ti mismo, tu lista de verdades en voz alta todos los días, de preferencia luego de una meditación diaria. Haz esto durante toda la duración de estas meditaciones, pidiendo a nuestro Señor que te ayude a interiorizar estas verdades. Esto cambiará tu proceso de pensamiento y renovará tu mente conformándola a la verdad de Dios. Y continúa acercándote a Jesús y a la intercesión de la Virgen María.

martes, 6 de mayo de 2014

Arañas



Tu mente vaga sin control como lo ha hecho miles de veces en el pasado. Te vas metiendo en un mundo de fantasías en el que tu imaginación va consintiendo imágenes exóticas de diosas hermosas, sensuales… Pero, espera un poco y pon atención para descubrir lo que está en el fondo.

¿Quién es exactamente esa encantadora “diosa” que ha raptado tanto tu mente, tu corazón, tu cuerpo y tu alma? Investiguemos, exploremos de quién se trata realmente, cuál es la razón de que está siempre presente en tus pensamientos, y qué es lo que, en verdad, quiere de ti. En otras palabras, hablemos del mundo demoníaco.
Los demonios están presentes en el Antiguo Testamento. Ahí tienen algunos nombres: Lucifer en el profeta Isaías, Asmodeo en el libro de Tobías, Satán en el libro de Job. Y en el Nuevo Testamento recibe el nombre de Belcebú. San Juan nos dice que “Cristo vino a la tierra a destruir las obras del diablo”.

Diversos demonios se especializan en diferentes tentaciones. Asmodeo es el demonio de la lujuria. Si leemos la historia de Tobías veremos sus seductoras y astutas habilidades, su veneno mortífero y su perversidad maloliente. Antes de encontrar a Tobías y al Arcángel san Rafael, este demonio consiguió el éxito de matar a muchos hombres a través de la lujuria de todos ellos. Nos preguntamos cuántas otras pobres almas habrán sido víctimas de Asmodeo a través de la historia, desde aquellos días y hasta hoy.

Cuando tu mente comience a salir de control para entrar en fantasías, en vez de continuar introduciéndote en la sensualidad exótica de tu imaginación, intenta ver quién está detrás de aquella encantadora máscara. Descubre cómo el demonio está a tu acecho.

La manifestación del mal se puede comparar con las arañas. En vez de imaginarte a ti mismo acariciando las sedosas medias de aquella chica, date cuenta de que, en realidad, estás tocando una de las ocho largas patas de una enorme araña. Y mientras tú la tocas, la araña está, inmóvil y paciente, preparando sus colmillos venenosos para que, cuando llegue el preciso momento, tú seas triturado y quedes hecho pedazos. De esta manera la araña se llevará lo que quedó de tu mutilado cuerpo y los pedazos de tu alma a los abismos del infierno.

Contempla la telaraña. Mira los cadáveres de muchas de las víctimas del perverso arácnido. Cada uno fue cayendo y se fue enredando en la peligrosa red, solamente para permanecer paralizado, inmóvil e impotente, mientras que la araña alegremente se aproximaba para darse un banquete con la sangre vital de su víctima.
En este punto, la araña clava sus colmillos profundamente en tu cuerpo impotente, llenándote con más veneno. Y mientras tú miras, vivo y conciente lo que sucede, y al mismo tiempo estás paralizado, la araña comienza a alimentarse de ti.

Este es el rostro real de la pornografía, la cara que está detrás de aquella máscara deslumbrante y seductora. Detrás de cada imagen pornográfica, detrás de cada pensamiento de lujuria se esconde tal demonio, acechando en los callejones oscuros de tu mente, trabajando sobre ti, persuadiéndote, seduciéndote, enredándote más profundamente en su telaraña, hasta el momento en que estés más débil, y te tiente a cometer un pecado mortal atroz contra el Dios Todopoderoso. Y todo por tener un breve momento de placer. Te ha aprisionado. Te ha atrapado una y otra, y otra, y otra vez.

Peor aún, cuando la pornografía se te vuelve un vicio, empiezas a buscar frecuentemente tu araña pidiendo desahogo, consuelo, compañía, amor. Y cada vez que caes, tu recompensa es la oscuridad, la frustración y el vacío… y la inyección de una nueva dosis de veneno adictivo.

Esta visión horrorosa del mal, debería ser suficiente para asustar a la persona más adicta a la pornografía y llevarla a la sobriedad.

¿Quieres romper la telaraña y vivir en la paz y la alegría? Empieza a tomar conciencia de tu medio ambiente, y a conocer quiénes son tus enemigos, especialmente a aquel que juega tantas veces con tu imaginación. El trata de seducirte con imágenes seductoras y hermosas, pero en realidad te odia y te quiere destruir. El no tiene misericordia, es implacable, destructivo, malévolo, horroroso y absolutamente perverso.

Toma conciencia de lo que pasa por tu mente porque puede ser mortal. Toma conciencia de Asmodeo y de su reino de arañas. Créelo: ellos te conocen.

Cada momento en que te sientas tentado con un pensamiento o un deseo impuro, mira más allá del encanto y descubre el mal que se oculta a tus ojos. Puedo asegurarte que esta visión ha ayudado a muchas personas a dejar la adicción a la pornografía.

Te invito a que leas, en la Biblia, la Carta de Judas. Es el penúltimo libro de la Sagrada Escritura y se encuentra justo antes del Apocalipsis. La carta es acerca de la seriedad que debes tener para escapar de la telaraña mientras tengas vida y fuerza dentro de ti.

Que el Señor te bendiga.