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miércoles, 4 de junio de 2014

La pornografía daña el cerebro, revela un estudio


Además de los diversos problemas morales y psicológicos, en algunos casos psiquiátricos como cuando se cae en la adicción, un nuevo estudio ha demostrado que la pornografía afecta seriamente el cerebro de los hombres que la consumen.

Los hombres que pasan mucho tiempo mirando pornografía en Internet parecen tener menos materia gris en ciertas partes del cerebro, registran una reducción de su actividad cerebral y afectan su respuesta a la actividad sexual, de acuerdo a una investigación alemana publicada este jueves en Estados Unidos.

El estudio muestra también que es probable que las personas que ven mucha pornografía podrían necesitar imágenes cada vez más explícitas y gráficas para poder conseguir el estímulo sexual que esperan tener.

“Hemos encontrado un importante vínculo negativo entre el acto de ver pornografía por varias horas a la semana y el volumen de materia gris en el lóbulo derecho del cerebro”, así como la actividad de la corteza prefrontal, señalan los investigadores del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín (Alemania).

“Estos efectos podrían incluir cambios en la plasticidad neuronal resultante de intensa estimulación del centro del placer”, añade el estudio publicado en línea en la revista de la Asociación Médica Americana Psychiatry.

Los autores, sin embargo, no pudieron probar que estos fenómenos sean causados directamente por el consumo de pornografía y, por lo tanto, afirman que es necesario proseguir las investigaciones.

Pero, según ellos, la investigación sí proporciona un primer indicio de que hay una relación entre el acto de ver pornografía y la reducción del tamaño y la actividad del cerebro como reacción a la estimulación sexual.

Para realizar el estudio, los autores reclutaron a 64 hombres saludables de entre 21 y 45 años, a quienes pidieron responder un cuestionario sobre el tiempo dedicado a ver videos pornográficos, que dio como resultado promedio cuatro horas semanales.

También les hicieron tomografías computarizadas (MRI) del cerebro para medir su volumen y observar cómo reaccionaba éste a las imágenes pornográficas.

En la mayoría de los casos, mientras más pornografía miraban los sujetos, más disminuía el cuerpo estriado del cerebro, una pequeña estructura nerviosa justo debajo de la corteza cerebral.

Los científicos también observaron que, cuanto mayor era el consumo de imágenes pornográficas, más se deterioraban las conexiones entre el cuerpo estriado y la corteza prefrontal, que es la capa externa del cerebro a cargo del comportamiento y la toma de decisiones. (Fuente: forumlibertas.com)

martes, 6 de mayo de 2014

Arañas



Tu mente vaga sin control como lo ha hecho miles de veces en el pasado. Te vas metiendo en un mundo de fantasías en el que tu imaginación va consintiendo imágenes exóticas de diosas hermosas, sensuales… Pero, espera un poco y pon atención para descubrir lo que está en el fondo.

¿Quién es exactamente esa encantadora “diosa” que ha raptado tanto tu mente, tu corazón, tu cuerpo y tu alma? Investiguemos, exploremos de quién se trata realmente, cuál es la razón de que está siempre presente en tus pensamientos, y qué es lo que, en verdad, quiere de ti. En otras palabras, hablemos del mundo demoníaco.
Los demonios están presentes en el Antiguo Testamento. Ahí tienen algunos nombres: Lucifer en el profeta Isaías, Asmodeo en el libro de Tobías, Satán en el libro de Job. Y en el Nuevo Testamento recibe el nombre de Belcebú. San Juan nos dice que “Cristo vino a la tierra a destruir las obras del diablo”.

Diversos demonios se especializan en diferentes tentaciones. Asmodeo es el demonio de la lujuria. Si leemos la historia de Tobías veremos sus seductoras y astutas habilidades, su veneno mortífero y su perversidad maloliente. Antes de encontrar a Tobías y al Arcángel san Rafael, este demonio consiguió el éxito de matar a muchos hombres a través de la lujuria de todos ellos. Nos preguntamos cuántas otras pobres almas habrán sido víctimas de Asmodeo a través de la historia, desde aquellos días y hasta hoy.

Cuando tu mente comience a salir de control para entrar en fantasías, en vez de continuar introduciéndote en la sensualidad exótica de tu imaginación, intenta ver quién está detrás de aquella encantadora máscara. Descubre cómo el demonio está a tu acecho.

La manifestación del mal se puede comparar con las arañas. En vez de imaginarte a ti mismo acariciando las sedosas medias de aquella chica, date cuenta de que, en realidad, estás tocando una de las ocho largas patas de una enorme araña. Y mientras tú la tocas, la araña está, inmóvil y paciente, preparando sus colmillos venenosos para que, cuando llegue el preciso momento, tú seas triturado y quedes hecho pedazos. De esta manera la araña se llevará lo que quedó de tu mutilado cuerpo y los pedazos de tu alma a los abismos del infierno.

Contempla la telaraña. Mira los cadáveres de muchas de las víctimas del perverso arácnido. Cada uno fue cayendo y se fue enredando en la peligrosa red, solamente para permanecer paralizado, inmóvil e impotente, mientras que la araña alegremente se aproximaba para darse un banquete con la sangre vital de su víctima.
En este punto, la araña clava sus colmillos profundamente en tu cuerpo impotente, llenándote con más veneno. Y mientras tú miras, vivo y conciente lo que sucede, y al mismo tiempo estás paralizado, la araña comienza a alimentarse de ti.

Este es el rostro real de la pornografía, la cara que está detrás de aquella máscara deslumbrante y seductora. Detrás de cada imagen pornográfica, detrás de cada pensamiento de lujuria se esconde tal demonio, acechando en los callejones oscuros de tu mente, trabajando sobre ti, persuadiéndote, seduciéndote, enredándote más profundamente en su telaraña, hasta el momento en que estés más débil, y te tiente a cometer un pecado mortal atroz contra el Dios Todopoderoso. Y todo por tener un breve momento de placer. Te ha aprisionado. Te ha atrapado una y otra, y otra, y otra vez.

Peor aún, cuando la pornografía se te vuelve un vicio, empiezas a buscar frecuentemente tu araña pidiendo desahogo, consuelo, compañía, amor. Y cada vez que caes, tu recompensa es la oscuridad, la frustración y el vacío… y la inyección de una nueva dosis de veneno adictivo.

Esta visión horrorosa del mal, debería ser suficiente para asustar a la persona más adicta a la pornografía y llevarla a la sobriedad.

¿Quieres romper la telaraña y vivir en la paz y la alegría? Empieza a tomar conciencia de tu medio ambiente, y a conocer quiénes son tus enemigos, especialmente a aquel que juega tantas veces con tu imaginación. El trata de seducirte con imágenes seductoras y hermosas, pero en realidad te odia y te quiere destruir. El no tiene misericordia, es implacable, destructivo, malévolo, horroroso y absolutamente perverso.

Toma conciencia de lo que pasa por tu mente porque puede ser mortal. Toma conciencia de Asmodeo y de su reino de arañas. Créelo: ellos te conocen.

Cada momento en que te sientas tentado con un pensamiento o un deseo impuro, mira más allá del encanto y descubre el mal que se oculta a tus ojos. Puedo asegurarte que esta visión ha ayudado a muchas personas a dejar la adicción a la pornografía.

Te invito a que leas, en la Biblia, la Carta de Judas. Es el penúltimo libro de la Sagrada Escritura y se encuentra justo antes del Apocalipsis. La carta es acerca de la seriedad que debes tener para escapar de la telaraña mientras tengas vida y fuerza dentro de ti.

Que el Señor te bendiga.






lunes, 5 de mayo de 2014

Una plaga

La pornografía es una plaga que arruina el alma de Ios hombres, las mujeres y Ios niños, destruye Ios vínculos del matrimonio y victimiza a Ios más inocentes entre nosotros. Oscurece y destruye la capacidad de las personas para verse unas a otras como expresiones singulares y hermosas de la creación de Dios; en lugar de ello les nubla la vista y las lleva a ver a otras como objetos que se pueden usar y manipular. Se ha justificado como un canal de libre expresión, apoyado como una iniciativa comercial y permitido como apenas otra forma de entretenimiento. No se reconoce ampliamente como una amenaza a la vida y a la felicidad. No suele tratarse como una adicción destructora. Cambia la forma en que Ios hombres y las mujeres se tratan entre sí a veces de forma asombrosa, pero a menudo sutil.