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martes, 13 de mayo de 2014

El peor daño de la pornografía


Quizá el peor de los daños que causa la pornografía es al "modelo" de la visión sobrenatural que tiene el ser humano. Me explico. Dios nos dio el don de la vista con la intención de que un día definitivo podamos contemplarlo a El en el cielo. El mundo en que vivimos es un modelo que nos pone en comunión con el mundo sobrenatural. La contemplación de las realidades de la tierra debe ser un puente para contemplar un día las realidades del cielo. Así, por ejemplo, cuando vemos un paisaje bellísimo, esa visión nos hace imaginar y desear a Dios, el autor de la belleza. Cuando aquí en la tierra usamos la vista para pecar viendo pornografía, se distorsiona o se paraliza nuestra capacidad para entrar en contacto con el mundo sobrenatural. Lo que el ser humano debe usar para recibir la verdadera visión de Dios y la belleza de su creación, lo utiliza más bien para consumir imágenes falsas de otras personas en la pornografía. ¿Cómo podemos entender la visión sobrenatural que Dios desea para nosotros, es decir, la contemplación de Dios cara a cara, una vez que nuestra vista natural se ha lesionado y distorsionado? Este es uno de los motivos más fuertes que debe impulsar a un cristiano para dejar la pornografía. Por eso no nos cansemos de decir: "Crea en mí, Señor, un corazón puro; renuévame por dentro con espíritu firme".

jueves, 8 de mayo de 2014

Dureza de corazón

En Efesios 4, 18-19, san Pablo ennumera algunas horribles consecuencias de los pecados de impureza, como la pornografía, para quienes los cometen frecuentemente. Dice así: "endurece el corazón, produce desvergüenza, y desata desenfrenados deseos de pecar". La palabra griega que usa san Pablo es "porosis" que significa endurecimiento. Esa palabra se usaba para nombrar el endurecimiento que ciertas enfermedades producen en las coyunturas y que paralizan e impiden todo movimiento y se vuelven insensibles a cualquier tratamiento. "Porosis" significa que algo se ha endurecido y petrificado de tal manera que ya no se siente nada. La "porosis" del alma signfica que el pecado lleva a la insensibilidad, cuyo efecto terrible es que petrifica y ya no deja sentir dolor verdadero de haberlo cometido, ni horror a cometerlo otra vez. Nadie llega a ser un gran pecador de un momento a otro. En la medida que una persona se adentra en la pornografía, su conciencia pierde la sensibilidad y llega a cometer faltas graves sin sentir ya verdadero remordimiento y suficiente asco por el pecado.

martes, 6 de mayo de 2014

Muerte de la conciencia

Sangrenegra fue un terrible asesino, terriblemente temido, en su natal Colombia. Vivió en la mitad del siglo XX y llenó de lágrimas innumerables hogares. Un día alguien le preguntó a este incorregible asesino: "Cuando usted mató a su primera víctima, sintió remordimiento? El respondió: "Sí, en mi primer homicidio sentí gran tristeza y esa noche no pude dormir". "¿Y cuando mató al segundo? Contestó: "Sentí algún pequeño remordimiento, pero pude dormir esa noche". "Y últimamente, cuando ha matado, ¿qué ha sentido usted? -le preguntaron de nuevo. "Pues he sentido un verdadero gozo matando, y ya no me produce pena ni remordimiento alguno".... El pecado petrifica el corazón, insensibiliza la conciencia. ¿Cómo podrá salvarse o convertirse una persona si sus faltas no le producen tristeza ni lo llevan al arrepentimiento? Hay que tener cuidado, no sea que de tanto repetir impurezas, el alma quede insensible y llegue la muerte de la conciencia. Podría ser fatal.

lunes, 5 de mayo de 2014

Desvergüenza

San Pablo la llama "lascivia". Platón dice que lascivia es una desvergüenza para cometer lo malo, una disponibilidad para cualquier placer, aunque sea prohibido. San Basilio dice que se trata de una antipatía para aceptar una disciplina sobre el apetito sexual.

Lo especial de la desvergüenza o lascivia es que no tiene cuidado del choque que puede provocar en la opinión pública. Lo importante es satisfacer los deseos impuros. Al desvergonzado no le interesa cuántos sean los espectadores que presencian su proceder, todo con tal de tener el placer que su instinto impuro le demanda. No le importa quedar con muy mala fama ante los demás. El pecado domina al impuro de tal manera que le hace perder la vergüenza y quedarse sin dignidad. La persona desvergonzada no se respeta a sí misma ni respeta la dignidad de sus víctimas. Se deja dominar de tal manera por sus deseos sexuales que no se inquieta porque otros le estén observando, ni se pregunta quién le observa. La sensualidad echa lejos a la vergüenza y va convirtiendo a una digna persona humana en una bestia vulgar.