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martes, 6 de mayo de 2014

Muerte de la conciencia

Sangrenegra fue un terrible asesino, terriblemente temido, en su natal Colombia. Vivió en la mitad del siglo XX y llenó de lágrimas innumerables hogares. Un día alguien le preguntó a este incorregible asesino: "Cuando usted mató a su primera víctima, sintió remordimiento? El respondió: "Sí, en mi primer homicidio sentí gran tristeza y esa noche no pude dormir". "¿Y cuando mató al segundo? Contestó: "Sentí algún pequeño remordimiento, pero pude dormir esa noche". "Y últimamente, cuando ha matado, ¿qué ha sentido usted? -le preguntaron de nuevo. "Pues he sentido un verdadero gozo matando, y ya no me produce pena ni remordimiento alguno".... El pecado petrifica el corazón, insensibiliza la conciencia. ¿Cómo podrá salvarse o convertirse una persona si sus faltas no le producen tristeza ni lo llevan al arrepentimiento? Hay que tener cuidado, no sea que de tanto repetir impurezas, el alma quede insensible y llegue la muerte de la conciencia. Podría ser fatal.

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